domingo, 22 de marzo de 2009

Apóstoles de la muerte

Las declaraciones del Papa afirmando que el uso del preservativo agrava el problema del sida colman la paciencia de cualquier humano al que preocupe la vida de sus semejantes, incluida la de los negros africanos.

En cualquier caso, en nuestra sociedad, donde la doble moral de los creyentes es la norma tanto en el tema del sexo como del aborto, tenemos acceso a la información y se nos brinda la oportunidad de elegir lo que nos conviene, pero en África, donde Benedicto XVI hizo las declaraciones, la cuestión es más delicada y el daño que hace, mucho mayor. No sólo por la cantidad de afectados, sino porque en muchas comunidades se desconoce, totalmente, el uso del preservativo o el sistema de transmisión de las enfermedades infectocontagiosas. A la falta de información y la dificultad de penetración en culturas que viven al margen de todo tipo de sistema de comunicación, se suma la precariedad de medios, de personal, de medicamentos, etc., por lo que estas manifestaciones contra la ciencia son sólo una muestra de crueldad y desprecio hacia seres indefensos condenados a infectarse y morir.

Que estas declaraciones coincidan con la infame campaña de la Conferencia Episcopal en la que se equipara la interrupción del embarazo con el asesinato de niños que gatean es reveladora del cinismo de la jerarquía católica. Argumentan que el aborto no es la solución, pero luchan contra de la educación sexual, el condón y cualquier otro método anticonceptivo.
A nosotros, los defensores de la vida, no nos queda más remedio que recomendar el uso del preservativo en todos los ámbitos: festivales de música, cafeterías, lupanares, cuarteles y seminarios.


El Gran Wyoming

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